mayo 13, 2008

HOMENAJE A PAPEL Y PLUMA

No sé si alguna vez he comentado con mis compañeros de tertulia que no hay nada más
bonito que una pluma destapada encima de un papel completamente en blanco.
Escríbeme. No hay tipo que no se haya acercado alguna vez a un escritorio en el que
hay una estilográfica y un papel y no haya experimentado una sensación de curiosidad.
Una curiosidad peculiar. Cuando me acerco yo, cojo primero la pluma. La examino: por
arriba, por abajo, de perfil, incluso me permito el lujo de acercármela al oído y batirla
levemente para comprobar qué tipo de fluido hay dentro, como haría el chimpancé del
Congo más profundo. Luego observo el folio.
Cuando compras un paquete de folios, al igual que ellos, no sabes a lo que te expones.
Nunca sabrás si dentro del mismo habrá uno, dos o tres, destinados al éxito, al nivel
que sea. ¿Sabía Darwin que en aquellos papeles de todos los tamaños, desordenados,
iban a escribirse las claves de la evolución?, ¿sabía Cervantes que esa cuartilla en la
que las primeras palabras eran En un lugar de la Mancha… se iba a convertir, junto con
los que le seguían, en la novela en castellano más universal de todos los tiempos?,
¿sabía Einstein que sus últimos folios, los que ya no quiere nadie, se iban a llenar de
fórmulas matemáticas que diesen solución a milenios de investigación? Yo creo que no,
por eso he decidido no subestimar nunca ni el más mínimo trozo de papel que tenga
entre mis manos, inclusive el sobre de azúcar de la cafetería.
Pero volvamos a la pluma y el folio. Juntos acojonan mucho más que por separado.
Individualmente, la pluma amenaza con encontrar una superficie que tintar, cual
mosquito en busca de sangre, mientras que el folio, como esa diva que baja las
escaleras con zapatos de tacón y guantes hasta el codo, deslizándose con suavidad, se
desmaya cayendo lentamente de la mesa en la que está. Quiere que te fijes en él, que
te des prisa en buscarle una pluma con la que empezar a hacer grandes cosas.
Y llega el momento. Una fecha, un nombre, un adjetivo, un verbo, ¡incluso un número!,
todo vale. El primer contacto es fundamental, todo dependerá de la calidad de la pluma
para que el trazo inaugural sea satisfactorio. Y en este caso, lo es. Y te das vida. Y
venga. La pluma se desliza por la superficie inmaculada, sabedora de que nadie puede
con ella. Los alemanes (siempre ellos) la han diseñado para recorrer kilómetros ni
repostar, para subir eles y bajar jotas sin inmutarse, para llegar al final de la línea con
ganas ya (si el conductor quiere y puede) de empezar la siguiente. Zas- zis- shissshass-
jjjm- jjjam- y toc (el punto).
El folio, por su parte, se deja hacer, el niño que la madre viste. Antes de que se dé
cuenta, probablemente, la pluma ya habrá escrito su cara de delante. Es entonces
cuando el folio es consciente por primera vez de que ya ha pasado casi toda su vida,
consciente de que sólo le queda media, o, visto de otra forma, casi toda, nunca se sabe
si la cara de atrás será mejor. Lejos quedaban los tiempos de esa fecha y de ese
Querida mamá del principio. Y mientras piensa eso, la punta de la pluma se dispone a
enfilar decidida la última línea, tu hijo que te quiere.

El folio ve su final, ha cumplido su cometido, tendrá que luchar contra los elementos y
contra el temido olvido del cajón, ahora, más allá de a quién vaya dirigido, tiene una
historia que contar a lo largo del tiempo. Pero, algo pasa. Encima suyo acaban de
colocar uno igual que él, uno que le cubre por todos los sitios, uno que todavía está en
blanco, que no sabe quién es, que no sabe hablar, está en su más tierna infancia.
Pronto, nuestro folio nota de nuevo la presión de la pluma, esta vez, aunque
lejanamente, le es suficiente para entender la grafía, un abrazo.
En cuanto es escrito, la pluma le transmite su sabiduría y ya entiende todo. Los folios se
hacen amigos, ya hay un compañero con quien viajar. Han quedado unidos y lo más
seguro es que compartan el mismo sobre, el uno no tendrá sentido sin el otro o por lo
menos, alguno de los dos parecerá incompleto sin presentarse junto a su compañero.
La pluma, exhausta, descansa, ahora tapada, al calor de la luz del flexo. Magnífica
compañera, piensa el escritor. Ella, que tiene los ojos en la patilla para agarrar, hace un
guiño y sonríe queriendo decir: “un placer, hasta otra, ahí estaré yo cuando no haya
manera de escribir la primera palabra o dos palabras seguidas con sentido”.
Sé que les resulta difícil, como a mí, comprender el arte contemporáneo. Yo les
propongo una cosa, si quieren ser unos artistas y poseer una gran colección de obras
de arte en su casa por un módico precio, enmarquen su pluma más antigua, esa que
pide a gritos la jubilación, con cualquier folio, a poder ser, y para darse ese festín de
soberbia y erudición artística ya que estamos, de color sepia, tostado por los años. Les
aseguro que no existe mejor homenaje a los útiles que le han servido al ser humano
para transmitir lo que otros pensaron en algún lugar del tiempo.
Y lo dice un traidor que está apretando teclas.
Otro día prometo hablarles de otro de los grandes placeres del hombre, incluso mayor
que el placer que se experimenta al empezar un folio, uno de estos placeres míos que
son demasiado baratos como para que tengan la categoría de placer. Es el que se
produce cuando teniendo sed justa, ni mucha ni poca, te dispones a beber un vaso casi
a rebosar de agua a temperatura perfecta, ni fría ni caliente, el agua más clara que te
puedas imaginar. Y ves el vaso. Y te acercas. Merodeas. Nadie te lo puede quitar. Es
tuyo. Y abres la boca. Y glú- glú. Y después…


Nota: El uso de los nombres papel y pluma ha sido elegido simplemente por
considerarse unos clásicos dentro del sector que aúnan distintas características
comunes a todos los útiles de papelería. No se sientan discriminados el Sindicato de
bolis bics ni la Cofradía de los tacos de notas.


- J. MARTÍN FRÉGOLA MUR -

CARTA A UN AMIGO

No importa si algo sale mal, sólo es algo sin importancia, una pequeñez comparada con lo que
eres y lo que serás, solo un paso más, otro más... Algún día, podría ser mañana, serás más
grande de lo que puedas imaginar. Sólo necesitas un poco de paciencia y concentración, al
final todo tomará su camino, caerás en la cuenta de lo equivocado que estabas, tú siempre vas
a estar ahí. Serás humillado, aplastado, arrastrado ante la muchedumbre, tenlo presente, y
verás que no es tal humillación sino un paso más en este camino en que es imposible evitar los
obstáculos, mas no debes seguir mirándolos desde el suelo lamentando haberte caído, pues es
de idiotas. Amigo, recuerda bien mis palabras, pues cuando llegue el momento te reirás de lo
equivocado que estabas y las conservarás, en vez de romperlas y quemarlas, a la vez que las
apagas con las lágrimas que, desesperadamente, manan de tus ojos. No esperes grandes cosas
de mañana ni de pasado, pues podrían ser los peores días de tu vida, pero no te rindas, amigo,
no hay lugar para los débiles. Sé el hombre que siempre has sido.
Eres muy grande y nada cambiará eso. Nadie.


- V. M. CHINESTRA -

MALOS HUMOS

Don Papito, orgulloso cubano de gran corazón pero de mayor razón, paseaba moviendo su
bastón, silbando y cantando a su son. El día amaneció repleto de buenas noticias y, puesto que
su alegría era infinita, qué mejor que disfrutar de un habano genuino. Después de adquirir sus
preciados “Romeo y Julieta” y una buena botella de ron cubano, se dirigió hacia su casa.
Satisfecho, mostrando una sonrisa bonachona en su rechoncha cara, se apoltronó en su viejo
sofá de cuero raído, frente al televisor, habiendo seleccionado una de sus películas favoritas.
Después de su propia ceremonia para cortar el puro, Don Papito extrae placenteramente una
cerilla para que comience el disfrute, lentamente se enciende, aspirando poco a poco. Ya nota
el humo en su boca, ese sabor inconfundible de felicidad, el mundo se ha parado más allá de
Don Papito y su puro. Pero sin previo aviso, la felicidad de derrumba. Lo abandona en el
mismo instante en el que cientos de sirenas bajo su ventana lo alarman de que algo pasa. En
ese mismo instante, por ventanas y puertas se cuelan negras figuras enmascaradas, todas ellas
armadas y gritando órdenes. Don Papito no sabe qué está ocurriendo, pero una de las figuras
le obliga a levantar las manos. Temblando obedece. Unas pocas órdenes después se ve
obligado a tirar al suelo su preciado puro y lo separan de él con brusquedad.
El habano, a merced de los enmascarados, parece temblar sabiendo cuál es su destino. Un
desgarbado se acerca tembloroso, de su acción depende el éxito de la operación. Inseguro y
sudando por cada poro de su piel alcanza al humeante sospechoso, lo rodea, tantea el terreno,
está muy cerca, y con un rápido movimiento lo ahoga, vierte un vaso de agua que apaga todo
rastro de la felicidad de Don Papito, que desconsolado llora acurrucado en una esquina.
Y así quedan los restos de su preciado amigo, ahora proscrito, machacados sobre el suelo, sin
vida, y la alegría que lo había invadido desaparece para siempre. Don Papito pasó el resto de
sus días en un centro de rehabilitación para fumadores, se intentó reinsertarlo en la sociedad
pero nunca pudo ser el mismo y, del mismo modo que otros fumadores, sufrió la ira de
aquellos intolerantes y de sus “malos humos”.


- L. A. GUERRERO -

LA DOBLE DUALIDAD DEL MITO EN ESPAÑA

1. Introducción.
Desde el comienzo de la construcción del nacionalismo español, los mitos que fundamentaron
su configuración fueron interpretados desde dos perspectivas duales, cada una de estas con
dos visiones enfrentadas que, a su vez, convivían compartiendo elementos de identificación
colectiva, llegando a unirse cuando los hechos lo hicieron necesario.
La primera dualidad la encontramos, por un lado, en la visión que del mito tiene el
nacionalismo español y, por otro lado, la que comenzará a tomar cuerpo e importancia en los
albores del siglo XX con el surgimiento y consolidación de los nacionalismos regionales.
La segunda dualidad está presente en la visión que del mito tienen, por un lado, la opción
liberal-progresista y, por otro lado, la corriente nacional-católica.
2. El equilibrio inicial entre las visiones de las dos dualidades.1
En ambos casos hallamos visiones enfrentadas pero que convivían juntas, pues a partir de
mitos comunes estos son interpretados de diferente modo. Ambas dualidades se entremezclan
a principios de siglo, así podemos hallar nacionalistas españoles que son progresistas y otros
que son nacional-católicos, siendo esta dualidad también una constante en el caso regional.
Nacionalismo español vs regional: los nacionalismos regionales eran complementarios al
nacionalismo español, matizando y reforzando el “ser español”, aunque cada nacionalismo
regional considerase la mejor construcción -e incluso la más española- la formada desde su
perspectiva. Por ello, aunque un mito como el de la Guerra de la Independencia se celebrase a
nivel nacional, cada visión regional poseía sus héroes regionales y sus propios elementos de
identificación colectiva. Pero en cualquier caso, ambas visiones se complementaban.
Concepción progresista vs nacional-católica: para observar la dialéctica entre estas dos
visiones es recurrente la figura de Don Quijote, que representa el prototipo de “español” y se
convierte en uno de los héroes nacionales, aunque carezca de validez histórica. A pesar de lo
común de este “mito”, los progresistas ven a Don Quijote como el modelo de amor a la patria y
la libertad; mientras los tradicionalistas lo ven como un caballero católico al servicio de la
esencia de lo español. De nuevo, un mismo mito y dos interpretaciones que conviven juntas.
3
. La monarquía rompe el equilibrio de la doble dualidad.
Desde la Primera Guerra Mundial y ante “amenazas autonomistas y revolucionarias”, la
opción nacional-católica irá desplazando la versión liberal en beneficio propio, al ser apoyada
por círculos oficiales e incluso por la monarquía de Alfonso XIII. Si tenemos en cuenta que los
principales símbolos nacionales son la bandera2, la Marcha Real y la figura del monarca, desde
el momento en el que la figura real se decanta más por una de las dos visiones del mito
español, el equilibrio establecido se deteriora.
Así irán ganando terreno la visión que del mito poseían la opción nacional-católica y el
nacionalismo español. Ya en 1923 con la Dictadura de Primo de Rivera, este desequilibrio se
consolida con la “españolización de España”, provocando un rechazo de regionalistas e
izquierdistas. Asistimos a una doble unión casi sistemática, aunque no total: mientras la opción
nacionalista española irá de la mano de la opción nacional-católica (visión tradicional); la
opción nacionalista regional irá de la mano de la opción liberal (visión progresista).

4. El enfrentamiento de las dos visiones por la primacía.
El equilibrio establecido en los inicios estaba roto, pues la monarquía que debía ser símbolo
de ambos puntos de vista había optado por una visión nacional española y nacional-católica. La
respuesta a este desequilibrio será una desvinculación, por parte de la visión nacional regional
y liberal-progresista, del símbolo que representaba la figura del rey. El resultado de esta
desvinculación hizo que la visión rechazada por el rey se apoyase en la opción antimonárquica
o republicana. La visión progresista del mito buscará ahora sus propios símbolos.
De hecho, la II República ya no pretendió restablecer este deteriorado equilibrio, sino que
intentó en lo posible reducir a la visión tradicional, eliminando no sólo la figura del rey, sino su
bandera y su Marcha Real. Para suplir este vacío de identidad, esta tomará nuevos símbolos: la
bandera tricolor, el Himno de Riego y la propia alegoría de la República como sustitución
simbólica de la figura del monarca. Además de permitir nacionalismos regionales.
En la Guerra Civil se producirá un enfrentamiento violento entre las dos visiones, suponiendo
el final definitivo de la convivencia anteriormente establecida. Ahora, de un mismo mito no
derivarán dos interpretaciones distintas, sino que ambas partes crearán sus mitos personales,
enfrentados a los de la otra visión. Sólo una prevalecerá sobre la otra.
5. El monopolio franquista del mito y sus consecuencias.
Con la victoria del bando franquista también triunfó la visión tradicional -o mejor dicho, la
amalgama que la conformaba- que desplazó violentamente el resto de visiones, eliminando
del territorio español la visión progresista del mito y restituyendo, con ciertos cambios, la
bandera y la Marcha Real. Sólo la figura del rey no será repuesta por decisión de Franco,
quedando esta suplida por la figura del Caudillo.
Pero el final de la Guerra Civil no supuso la eliminación de la visión progresista, ni permitió el
establecimiento de una visión tradicional unánime. Por un lado, los distintos nacionalismos
franquistas entrarán en una larga lucha interna que se resolverá a favor de la visión nacionalcatólica3.
Por otro lado, el exilio albergará la visión desterrada de los nacionalismos regionales
de España, que regresarán al país tras el postfranquismo inicial de la Transición, trayendo
consigo aquella construcción nacional y, con ella, el recuerdo, la memoria y los movimientos
para la restitución de lo que el Franquismo les quitó.
Al no existir mas que una interpretación del mito en España, el Franquismo absorbió como
suyos todos los mitos nacionales y estos pasaron a ser representantes únicos de la visión
tradicional. De hecho, cuando el Franquismo quede desprestigiado en la Transición, este
descrédito afectará también a la bandera y a la Marcha Real, a pesar de que ambos símbolos
recuperarán el aspecto anterior a la proclamación de la II República.
Sin embargo, ambos símbolos no eran representantes del Franquismo, sino de la visión
tradicional defendida tanto por Alfonso XIII como por Franco, haciendo imposible que la
izquierda española se viese identificada por estos. En definitiva, con unos símbolos nacionales
desprestigiados y que sólo reflejan la visión de una parte de la población, España se ha visto
representada hasta la actualidad por un nacionalismo muy debilitado.



Gracias a Eduardo Acerete de la Corte por sus puntualizaciones, en algunas de las cuales, se sigue manteniendo.


- JAVIER E. HONORATO -

UN SOFÁ, ENERO,CINCO DE LA TARDE

Yo sé lo que te pasa.
Nada se parece a lo que,
ignorante tú,
habías soñado
con la almohada sobre la cabeza.
Las baldosas siempre fueron crueles
trazando caminos que discurren
por senderos que no toleran
un paso atrás.
A todos nos jode vernos
presos, reos de aquello
que no se puede frenar;
cautivos obligados del tiempo.
Odiando esos lunes
que te obligan a tropezarte
con las ojeras marcadas por el reloj
e invisibles para tu jefe.
Y aburridos acabamos siempre
firmando un testamento
desde aquella primera tarde,
fría,
que nos quedamos sentados en el sofá.
Juntos y quizá por siempre.
Fin sin remedio.


- JUANMA FERNÁNDEZ -

EGONIA

Qué sé yo si sé qué digo o si digo lo que pienso o si estoy muriendo vivo
o si estoy viviendo cuerdo o si estoy entretejiendo las raíces que me escribo,
los motivos del sentido de los llantos del destierro.
Por las noches que he perdido por amando sin ser visto y volar a ras de suelo
devorando a gritos cuervos y escupiendo a cuervos gritos.


- JAVIER E. HONORATO -
Abro mi flor
como si del último rayo de Sol se tratara
y lo absorbo con un ansia implacable,
con un tesón desfigurado…
Los vaivenes de las fuerzas lo mueven,
más si cabe,
igual que se movería mi flor
en un valle desértico.
Roces en sus pétalos
la estremecen de escalofríos
y su tallo se vuelve rocío
a los vaivenes del calor en ella.


- LILITH -
Soledad y silencio siempre de la mano van,
¡cuántas veces te llamé soledad!,
y cuando ya no te necesitabas,
venías en silencio a destrozar mi vida.
Hoy ni te quiero ni te extraño,
pero sigues anclada a mí,
como si me necesitases tan cerca,
¡vete por favor!
Cuando salgas llámalo,
a ese amor que espera ahí fuera,
que solo abrazo el aire cuando tú estás,
necesito tu sonrisa para continuar.
Dile que su mirada me da la vida,
que a vosotros no os quiero más,
mil besos guardo en mi alma,
para ese amor que pronto vendrá.

- QUIDAM -
La ley me sigue
mientras sigo, y sigo, caminando.
Y pienso si supiera
volver para dejarlo todo entonces,
(morir, ser inocente)
volver y empezar entre tus ojos.
Pero la ley me sigue
y sigo corriendo, caminando.
Imagino que siempre.
Recuerdo que era nunca.
Y sigue tu mirada entre mis labios
y olvido que no queda otro camino.
Pero la ley aún sigue
tomando como prueba cada paso
que doy hacia tu cuerpo
(y no lo busco)
por si se enamorase de tu sombra
(la ley) y no pudiera
seguir buscando
el cuerpo que recuerdo,
seguir buscando
un tiempo entre tus manos.


- ANÓNIMO DE RHODA -

HUESO DE OLIVA

Ni en burdeles ni en abadías
encontraré el bicho parlante
que me prometió un viejo mudo antes de nacer.
Ni a tus pies ni en la cima de la colina
podrá descansar mi espíritu, puesto que mi alma se lo comió anteayer.
Cien veces te dije que no te lo iba a decir,
pero lo que nunca te dije fue cuántas veces te lo pensaba decir.
Del hipódromo al valle, de la gruta a la ciudad
busqué cosas sin sentido, planifiqué al azar.
Hallé lo que no buscaba, camareras de dadá,
la crin de un delfín lanudo y las muelas de papá.
Ni rimas ni poesías es lo que intento plasmar,
sino lo que emana de mi mente, completamente al azar.
Ranas sonrientes, perros cuadrados, camareras de diseño,
anodina estructura de un viejo carcamal;
ni escupo ni engullo, ni abro ni cierro, ni vivo ni muerto:
lo que es [no es], y lo que no es [es] o tal vez [no es] cuando lo que [es] deja de
ser lo que siempre no ha sido, puesto que mi abuelo se tragó el hueso de oliva.

-J.AZORÍN-

LA CARA OCULTA DE LA LUNA

Sombra bañada en poesía
reflejo de lo invisible,
muéstrate en la lejanía
mujer de presencia imbatible.
Descubre mi fanatismo
que por conocerte muere,
rescátame de este abismo
que aun en el vértice duele.
Tú, inocente asesina,
que a tus pies infinitos rinden
poetas de blancas páginas
que sin conocerte te despiden,
muéstrate, ten piedad,
no me obligues a imaginarte,
pues la cara que me das
no es la justa para amarte.
Dame el placer de verte
y no le incites al suicida
que prefiere ser inerte
a no tenerte en su vida.
No temas a defraudarme
pues enamoras al Universo,
que luego viene a susurrarme
el principio de cada verso.
Así pues, inspiras,
llenas de dudas al hombre,
a aquel que el cielo la mira
tú su deseo le escondes.
Acaba con la incertidumbre
de la inspiración nocturna
y deposita a mi alma en la cumbre,
en la cara oculta de la Luna.

-MOROTE-

UN SUCESO IMPROBABLE (II PARTE)

No dejábamos de mirarnos y de hablar... ella reía mostrándome sus hermosos dientes y su
apetitosa boca, lo hacía con un brillo especial en los ojos, a veces se tocaba el pelo con mucha
elegancia o se mordía el labio insinuantemente... ella sostenía un cigarro con la mano derecha
muy elegantemente, fumaba como una aristócrata acostumbrada y creída... pero me gustaba.
Yo por el contrario, mientras me enamoraba de sus movimientos y de su voz, sostenía un
cubata de vodka negro con naranja.
Estuvimos bebiendo y hablando durante unas dos horas y nuestros amigos se dieron cuenta de
que nos gustábamos, así que con mucha prudencia, se despidieron de nosotros y abandonaron
la casa con una estúpida sonrisita dibujada en sus labios. Yo les dije que acompañaría a Lorena
más tarde a su casa, aunque mi intención era que pasásemos la noche juntos, naturalmente si
ella accedía. Así pues, nuestros amigos nos dejaron solos... con la bebida, los cigarrillos, la
mesa desordenada y la excitación que desprendían nuestros jóvenes cuerpos.
Estaba tan paralizado que no podía pronunciar ni una sola palabra, no dejaba de beber,
agitaba el vaso y escuchaba cómo chocaban los hielos con el cristal, produciendo ese sonido
tan quebradizo. Para camuflar mi nerviosismo, bebí rabiosamente hasta que dejé de sentir el
cálido tacto del alcohol deslizándose por mi garganta. Mi visión se ralentizaba cuando giraba
la cabeza... sin duda estaba bebido, pero consciente aún de todo lo que me rodeaba. Cuando
fui a decir algo para quebrar ese silencio tan incómodo, que sin duda precedía al súmmum del
placer, cuando ya tenía la boca entreabierta, ella me calló y me calmó con un beso... un beso
largo, muy largo, pero también cálido y dulce, un beso con el que pude deleitarme de su
fresca y húmeda boca. De repente se levantó, sin duda con ganas de jugar, pensé, se tiró en el
Puff que tenía cerca de la mesa y me hizo un gesto con su dedo índice.
Me levanté como pude mientras ella se reía de mi estado, pero cuando me abalancé sobre ella
y comencé a besarla, mientras acariciaba sus piernas... fue entonces cuando su rostro cambió
completamente, se puso pálida en un instante, a la vez que lanzó un grito aterrador, casi pude
notar sus helados labios. Me asusté tanto que caí al suelo. Pensaba que se había atemorizado
por ir demasiado deprisa, pero no era eso. Comenzó a chillar y a patalear, gritaba y me pedía
ayuda, quería levantarse pero no podía, la cogí de un brazo y la empujé hacia mí, pero ni yo
mismo pude levantarla. En apenas unos segundos, Lorena comenzó a proferir unos gritos que
hicieron retumbar toda la casa, unos gritos que me despellejaron el alma, eran terribles,
heladores. Parecía que por momentos, Lorena estaba cada vez más y más hundida en el Puff y
cuando me quise dar cuenta, tan sólo asomaba su cabeza, que sin dejar de llorar y de gritar,
acabó desapareciendo dentro de esa horrible bola de color rojo.
Incrédulo de tan imposible suceso, cogí un cuchillo de la mesa y rajé por entero el Puff, pero
allí no estaba Lorena, allí no había nada, ni nadie. Pasaron dos días en los que no me moví de
aquel esperpéntico escenario. Mis amigos llamaron para preguntar por Lorena y yo les dije la
verdad, pero no me creyeron. Un día después vino la policía hasta mi casa y se encontraron
todo tal y como quedó aquella terrible noche. También vieron el Puff hecho trizas y el cuchillo
tirado en el suelo. Me condujeron al calabozo y me interrogaron sobre lo sucedido mientras
me aplastaban la cabeza contra la mesa del interrogatorio, yo no hice más que volver a decir la
verdad. Ahora, ustedes vuelven a preguntarme en este Juicio por lo que sucedió y yo vuelvo a
repetiros que fue el Puff quien se tragó a Lorena, entre suspiro y suspiro…


- MURILLO DE LA VEGA -

INSPIRACION

En las nubes estaba escrito que ella volvería a coger un cuaderno y un bolígrafo
y volvería a escribir. Se sentó sobre la cama y empezó a pensar qué contar para
que no pareciese que era de ella misma de la que hablaba.
Historias tenía miles encerradas en su mente. El problema era que ninguna de
ellas podía tener significado para los que no las habían vivido. Puede parecer
simple. Que los errores sean de otros y no de ellos mismos. Pero cuando cogía su
alma, la abría y la traspasaba al papel, algo la llenaba profundamente.
Y sin embargo se nubló el día y no volvió a mirar esos cuadernos, por no
recordar lo mucho que había ganado de esos momentos hasta aquel día.
“Gracias”, decía, por las personas que la inspiraron, por los tres escritos que,
rodeada de amor, escribió, magníficos, pensando en quien la voluntad y el ánimo
le daba. Pero sin darse cuenta, el tema siempre era el mismo, de distintas formas,
en distintos sentidos, era el brillante Sol el que la iluminaba y el que también
iluminaba su mundo.
Llovía y llovía, la gente entró y salió, pero ahora sólo lamentaba haber perdido a
tres personas más o menos importantes, no podía escribir acerca de ello. Ni
siquiera ella misma sabía por qué había de ansiar tanto amor cuando no lo
necesitaba. Volvió a mirar el cuaderno, vacío, lleno de vida, de sentimientos por
transcribir desde su corazón.
Y de sus ojos azules brotaron las lágrimas que la lluvia se llevaba con la tristeza
de la más pura decepción. La decepción de ver que a lo mejor nadie ya sería su
inspiración, de que lo que nació como un consejo se convirtió en su única salida,
en el modo de vencer, caer, morir, sonreír, vivir y amar.
Si algo movía su mundo literario era el de la esperanza, el saber que ella podría
abrir una puerta y traspasarla: “Que la gente se divierta”, pensaba, “yo amo ya
suficiente”, “quiero mi Cielo que es mi propio Infierno”.
Ni un gesto puede hacerle escribir algo, ninguna otra mirada, ninguna otra
persona, ningún otro sentimiento. Y esos tres cuadernos se quedaron en
el olvido. Tal vez porque nunca jamás volvieron a confiar en su talento,
como alguien hizo un día.


- A. GALÁN -

EL FUTURO

El futuro se hace día a día
Si necesitabas tiempo para estudiar
Si necesitabas tiempo para reflexionar.
Oh! Nena el futuro se hace día a día.
No hay tiempo (hoy es hoy y siempre será hoy)
No me digas que no hay futuro
Dime que hubo ayer
Dime que hay hoy.
Ay! No me hables del futuro.
Eso es demasiado duro
Y hablar con rintintín
Y encontrarme a Milú
Y conversar con Tintín
Al final tal vez no seamos tan diferentes
Quizás algo náufragos, quizás algo ausentes
Entre tanta gente, entre tanta gente.
El futuro se hace día a día
Yo te invito a que lo hagas conmigo
A pararnos en el camino
A preguntar a las flores
A charlar con los amigos
El futuro se hace día a día
La melancolía, la melancolía…
Esa puede durar toda la vida.



Extraído de su obra poética “El Estupor”
- JULIO DONOSO -