mayo 13, 2008

LA DOBLE DUALIDAD DEL MITO EN ESPAÑA

1. Introducción.
Desde el comienzo de la construcción del nacionalismo español, los mitos que fundamentaron
su configuración fueron interpretados desde dos perspectivas duales, cada una de estas con
dos visiones enfrentadas que, a su vez, convivían compartiendo elementos de identificación
colectiva, llegando a unirse cuando los hechos lo hicieron necesario.
La primera dualidad la encontramos, por un lado, en la visión que del mito tiene el
nacionalismo español y, por otro lado, la que comenzará a tomar cuerpo e importancia en los
albores del siglo XX con el surgimiento y consolidación de los nacionalismos regionales.
La segunda dualidad está presente en la visión que del mito tienen, por un lado, la opción
liberal-progresista y, por otro lado, la corriente nacional-católica.
2. El equilibrio inicial entre las visiones de las dos dualidades.1
En ambos casos hallamos visiones enfrentadas pero que convivían juntas, pues a partir de
mitos comunes estos son interpretados de diferente modo. Ambas dualidades se entremezclan
a principios de siglo, así podemos hallar nacionalistas españoles que son progresistas y otros
que son nacional-católicos, siendo esta dualidad también una constante en el caso regional.
Nacionalismo español vs regional: los nacionalismos regionales eran complementarios al
nacionalismo español, matizando y reforzando el “ser español”, aunque cada nacionalismo
regional considerase la mejor construcción -e incluso la más española- la formada desde su
perspectiva. Por ello, aunque un mito como el de la Guerra de la Independencia se celebrase a
nivel nacional, cada visión regional poseía sus héroes regionales y sus propios elementos de
identificación colectiva. Pero en cualquier caso, ambas visiones se complementaban.
Concepción progresista vs nacional-católica: para observar la dialéctica entre estas dos
visiones es recurrente la figura de Don Quijote, que representa el prototipo de “español” y se
convierte en uno de los héroes nacionales, aunque carezca de validez histórica. A pesar de lo
común de este “mito”, los progresistas ven a Don Quijote como el modelo de amor a la patria y
la libertad; mientras los tradicionalistas lo ven como un caballero católico al servicio de la
esencia de lo español. De nuevo, un mismo mito y dos interpretaciones que conviven juntas.
3
. La monarquía rompe el equilibrio de la doble dualidad.
Desde la Primera Guerra Mundial y ante “amenazas autonomistas y revolucionarias”, la
opción nacional-católica irá desplazando la versión liberal en beneficio propio, al ser apoyada
por círculos oficiales e incluso por la monarquía de Alfonso XIII. Si tenemos en cuenta que los
principales símbolos nacionales son la bandera2, la Marcha Real y la figura del monarca, desde
el momento en el que la figura real se decanta más por una de las dos visiones del mito
español, el equilibrio establecido se deteriora.
Así irán ganando terreno la visión que del mito poseían la opción nacional-católica y el
nacionalismo español. Ya en 1923 con la Dictadura de Primo de Rivera, este desequilibrio se
consolida con la “españolización de España”, provocando un rechazo de regionalistas e
izquierdistas. Asistimos a una doble unión casi sistemática, aunque no total: mientras la opción
nacionalista española irá de la mano de la opción nacional-católica (visión tradicional); la
opción nacionalista regional irá de la mano de la opción liberal (visión progresista).

4. El enfrentamiento de las dos visiones por la primacía.
El equilibrio establecido en los inicios estaba roto, pues la monarquía que debía ser símbolo
de ambos puntos de vista había optado por una visión nacional española y nacional-católica. La
respuesta a este desequilibrio será una desvinculación, por parte de la visión nacional regional
y liberal-progresista, del símbolo que representaba la figura del rey. El resultado de esta
desvinculación hizo que la visión rechazada por el rey se apoyase en la opción antimonárquica
o republicana. La visión progresista del mito buscará ahora sus propios símbolos.
De hecho, la II República ya no pretendió restablecer este deteriorado equilibrio, sino que
intentó en lo posible reducir a la visión tradicional, eliminando no sólo la figura del rey, sino su
bandera y su Marcha Real. Para suplir este vacío de identidad, esta tomará nuevos símbolos: la
bandera tricolor, el Himno de Riego y la propia alegoría de la República como sustitución
simbólica de la figura del monarca. Además de permitir nacionalismos regionales.
En la Guerra Civil se producirá un enfrentamiento violento entre las dos visiones, suponiendo
el final definitivo de la convivencia anteriormente establecida. Ahora, de un mismo mito no
derivarán dos interpretaciones distintas, sino que ambas partes crearán sus mitos personales,
enfrentados a los de la otra visión. Sólo una prevalecerá sobre la otra.
5. El monopolio franquista del mito y sus consecuencias.
Con la victoria del bando franquista también triunfó la visión tradicional -o mejor dicho, la
amalgama que la conformaba- que desplazó violentamente el resto de visiones, eliminando
del territorio español la visión progresista del mito y restituyendo, con ciertos cambios, la
bandera y la Marcha Real. Sólo la figura del rey no será repuesta por decisión de Franco,
quedando esta suplida por la figura del Caudillo.
Pero el final de la Guerra Civil no supuso la eliminación de la visión progresista, ni permitió el
establecimiento de una visión tradicional unánime. Por un lado, los distintos nacionalismos
franquistas entrarán en una larga lucha interna que se resolverá a favor de la visión nacionalcatólica3.
Por otro lado, el exilio albergará la visión desterrada de los nacionalismos regionales
de España, que regresarán al país tras el postfranquismo inicial de la Transición, trayendo
consigo aquella construcción nacional y, con ella, el recuerdo, la memoria y los movimientos
para la restitución de lo que el Franquismo les quitó.
Al no existir mas que una interpretación del mito en España, el Franquismo absorbió como
suyos todos los mitos nacionales y estos pasaron a ser representantes únicos de la visión
tradicional. De hecho, cuando el Franquismo quede desprestigiado en la Transición, este
descrédito afectará también a la bandera y a la Marcha Real, a pesar de que ambos símbolos
recuperarán el aspecto anterior a la proclamación de la II República.
Sin embargo, ambos símbolos no eran representantes del Franquismo, sino de la visión
tradicional defendida tanto por Alfonso XIII como por Franco, haciendo imposible que la
izquierda española se viese identificada por estos. En definitiva, con unos símbolos nacionales
desprestigiados y que sólo reflejan la visión de una parte de la población, España se ha visto
representada hasta la actualidad por un nacionalismo muy debilitado.



Gracias a Eduardo Acerete de la Corte por sus puntualizaciones, en algunas de las cuales, se sigue manteniendo.


- JAVIER E. HONORATO -

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